martes, 6 de noviembre de 2012

Confirman anomalías en el actual Ciclo Solar


Aproximadamente cada once años el campo magnético del sol se invierte por completo. El polo norte magnético cambia a sur y viceversa, como si un imán de barra perdiera lentamente su campo y lo recuperara en la dirección opuesta, de modo que el lado positivo se convierte en el lado negativo.
En abril, la NASA constató que la polaridad en el norte había disminuido casi a cero, lo que indicaba que estaba en su fase de cambio hacia el sur. Pero la polaridad en el sur estaba aún comenzando a disminuir, un desfase difícil de explicar.
Hasta entonces, se consideraba que el comportamiento habitual en una inversión magnética comenzaba en las regiones ecuatoriales, desde donde la corriente de cambio de polaridad se iría extendiendo de manera gradual. Pero los nuevos registros muestran que, en esta ocasión, el polo norte comenzó la transición mucho antes de que comenzara la deriva ecuatorial.
Ahora, se ha confirmado que el pasado julio tuvo lugar el máximo solar esperado en el hemisferio norte de nuestra estrella, mientras que el sur está en una especie de flemático desperezamiento que no hace sino desconcertar a los científicos, que ya no saben en qué fecha situar el pico solar, o si siquiera habrá un pico solar propiamente dicho.
Esta debilidad refuerza las predicciones de una inminente “hibernación” solar, la pequeña edad de hielo de la que pocos hablan todavía, sobre todo los recaudadores de impuestos verdes por aquello del calentamiento global provocado por fuerzas humanas, pero que promete complicar el panorama actual del planeta más si cabe.
Todo en este ciclo solar ha sido raro desde su comienzo:
El ciclo 24 comenzó a principios de 2008, La inquietud que levantó entre los científicos se debe a que desde 1996 venían previendo que iba a ser uno de los períodos más intensos y activos de la historia de nuestro sol.
Pero el nuevo ciclo comenzó de una manera inesperada, pues lo hizo con una inusitada calma que rompió todas las estadísticas. El 4 de enero de 2008 surgió una primera mancha de polaridad invertida. Esto quiere decir que su norte magnético surge en sentido opuesto al que habían presentado las manchas del ciclo anterior, fenómeno éste que es el anuncio de un nuevo período. Era, por tanto, el inicio oficial del ciclo 24. A partir de ahí, lo lógico hubiera sido el aumento paulatino de las manchas solares hasta alcanzar su máximo, el cual estaba previsto que abarcase desde finales de 2011 hasta principios de 2013.
Sin embargo, las manchas no aparecieron hasta dos años después de lo esperado, alargando así de manera incomprensible el mínimo solar del ciclo 23. Según interpretaron algunos, esto se debió a una aceleración de la gran cinta transportadora del Sol a finales de los años noventa. Al aumentar su velocidad, la corriente arrastró rápidamente los restos de las manchas solares hacia el interior del Sol, donde se vuelven a cargar, pero el proceso fue demasiado rápido como para permitir su completa regeneración, de manera que la formación de manchas se detuvo.
Años después, la corriente volvió a ralentizarse, pero las consecuencias de aquel aceleramiento fueron palpables mucho tiempo después, aletargando así el comienzo del ciclo 24.
Quienes sostienen esta idea consideran que la ralentización posterior de la corriente habría dado tiempo para una mayor carga electromagnética de las manchas, por lo que una vez que estas salieran a la superficie darían como resultado una actividad solar muy intensa.
A finales de 2010, se comenzaron a ver los primeros indicios de esa nueva actividad solar.
(Fuente: La gran tormenta solar)

Steven Tobias, matemático de la Universidad de Leeds, cree que todo lo que está ocurriendo, sobre todo la asimetría entre los hemisferios, algo desconocido hasta este año, debe ser entendido como un signo de grandes cambios a esperar de ahora en adelante.
Según Tobias, los cambios en la simetría hacen prever un “gran mínimo solar” que podría durar décadas. El último precedente lo tenemos en el llamado mínimo de Maunder, entre 1645 y 1715.
Aunque aún queda vigilar el máximo que pueda ocurrir en el hemisferio sur, según Bernhard Fleck, del Observatorio Solar y Heliosférico (SOHO). El débil máximo del norte, según el científico, obliga a replantearse muchos supuestos conocimientos sobre el Sol y a observar cómo se desarrolla ahora el proceso en el hemisferio sur.
Los ciclos cortos suelen ser calificados de intensos, de forma que, aunque con menos frecuencia de manchas solares, las erupciones pueden alcanzar potencias espectaculares, por lo que aún es demasiado pronto para sentir alivio ante la amenaza de una gran tormenta solar que pudiera dañar los sistemas electrónicos de nuestra civilización.
Recordemos que hay cuatro factores necesarios para que se produzca una tormenta solar perfecta:
La eyección de masa coronaria (ECM) debe ser expelida a una gran velocidad.
Ha de tomar un camino directo hacia la Tierra.
Frente a otras tormentas de mayor duración, tiene que ser breve pero intensa.
El campo magnético de la EMC ha de estar orientado en posición inversa al de la Tierra. Es decir, enfrentando su polo sur al polo norte terrestre, lo cual facilita la interacción magnética y las partículas solares encuentran más fácil acceso al interior de nuestra magnetosfera.
Hasta el día de hoy, sólo la gran tormenta de 1859 cumplió estos cuatro requisitos, de manera que, a pesar de haberse detectado varias erupciones solares de gran importancia a lo largo del siglo XX, ninguna llegó a producir una tormenta tan intensa como el evento Carrington, aunque sí daños significativos.
La erupción solar más violenta jamás registrada ocurrió el 29 de octubre de 2003, clasificada como tipo X34. La velocidad de la eyección de masa coronaria fue la más alta registrada después de la de 1859. Frente a las diecisiete horas que tardó la EMC del evento Carrington en recorrer la distancia que separa al Sol de la Tierra, la EMC de la tormenta de Halloween, que tal es el nombre con el que ha pasado a la Historia, lo hizo en diecinueve horas. Sin embargo, los polos magnéticos de la EMC que impactó contra nuestra magnetosfera no estaban alineados de manera inversa a la misma, como sí había ocurrido en 1859, lo que evitó daños mayores que los que tuvieron lugar.
Durante este evento, el país más afectado fue Suecia, donde se produjeron numerosos cortes de suministro eléctrico. En el resto del planeta, se dieron fallos en las comunicaciones que obligaron a interrumpir el tráfico aéreo en diferentes zonas. Así, el sistema WAAS (Wide Area Argumentation System), ideado como un complemento del sistema GPS que otorga mayor precisión y seguridad en las señales de posicionamiento, y que es usado por las compañías aéreas, estuvo inoperativo durante un total diez horas a lo largo de dos días. Además, el 4 de noviembre una fuerte carga de rayos x, la más intensa jamás registrada, causó daños a 28 satélites y dos fueron reducidos a chatarra.
Catorce años antes, el 13 de marzo de 1989, medio mundo pudo deleitarse con un fenomenal espectá*** de auroras boreales que se dejaron ver por casi todo el hemisferio norte, llegando a lugares tan meridionales como Florida y Cuba. Sin embargo, el fenómeno no resultó ser tan divertido para los habitantes de la provincia de Quebec, en Canadá, donde la tormenta provocó el fallo de un transformador de la principal planta hidroeléctrica del país. El corte del suministro afectó a seis millones de personas durante nueve horas. Para poder hacernos una idea de la situación, sólo basta pensar en la cantidad de personas que quedaron atrapadas en ascensores, o en el absoluto descontrol del tráfico ante la falta de semáforos. La tormenta también afectó a numerosas ciudades de la costa este de Estados Unidos, estimándose las pérdidas económicas de aquel apagón en unos ¡6.000 millones de dólares!
(La gran tormenta solar)
Regresando al escenario de un mínimo solar extremo, el principal problema surge por el debilitamiento de la heliosfera, el campo de protección del Sistema Solar. Esto permite una mayor entrada de rayos cósmicos al sistema y, según defienden cada vez más científicos, incrementa la formación de nubes sobre nuestro planeta.
Siendo un poco más “conspiranoicos”, resulta tentador mencionar que un inesperado mínimo solar forma parte de las alteraciones previstas por James McCanney en caso de que se produjera un aumento de material espacial, como meteoritos y cometas, en nuestro vecindario cósmico, al producirse una transferencia de energía provocada por la entrada en el Sistema Solar de objetos con carga eléctrica opuesta a la estrella, a manera de como funciona un condensador, siguiendo la teoría eléctrica del universo.
Lo cierto es que este aumento de material cósmico parece ser real, según se interpreten los informes de la NASA, claro está. Las consecuencias quedaron recogidas en un extenso artí*** hace unos meses (“La Tierra, a medio plazo. Atando cabos“). Si al cambio climático le añadimos un poco de economía y codicia humana, entonces podemos prever ese asunto de la crisis alimentaria que tan poco gusta pero que se acerca como una plaga sin que nadie quiera poner remedio, donde se mezclan el mundo de las finanzas y el buen aprovechamiento de las circunstancias climáticas actuales. Algo confirmado hace poco con nombre propio, puesto que en estas cosas siempre surge un bocazas:
Uno de los mayores agentes de materias primas del mundo celebra que las actuales catástrofes naturales y la inminente crisis alimentaria global van a dar mucho dinero. La empresa se llama Glencore y han dicho hace poco que se van a forrar con la crisis de alimentos.
La destrucción del 45% de la producción anual de maíz y del 35% de soja en Estados Unidos, con cifras parecidas en los campos de “lo que sea” en Rusia y toda Asia, a causa del aumento de las condiciones de clima extremo, es el detonante para que los precios de los alimentos básicos alcancen precios prohibitivos en los próximos meses.
(Fuente: “La muerte de la humanidad. Todo un negocio“)
En fin, todo un cóctel para reflexionar sobre el ser humano y su papel en la marcha de los acontecimientos. Para los pocos que aún gusten de reflexionar, claro. Para el resto cabe ofrecer un mensaje positivo. Es más fácil, no se necesitan datos excesivos para llegar a un gran número de gente receptiva y además quedas muy bien con todo el mundo. Sólo hay un precio a pagar: exagerar “un poco” los efectos electromagnéticos y mirarlos desde el lado amable de la vida:
…pueden distorsionar nuestra percepción del tiempo y de la realidad, pueden crear alucinaciones e inducirnos a estados mentales propios de una experiencia mística, pero sobretodo pueden desbloquear el verdadero potencial del cerebro humano para producir elevados estados de conciencia que podrían llevarnos a un dramático cambio masivo de conciencia y podrían influenciar positivamente nuestro comportamiento social.
http://losdivulgadores.com/tag/dieter-broers/
http://www.erraticario.com/astronomia-libros-y-ebooks/confirman-anomalias-en-el-actual-ciclo-solar/

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